Ese defecto que te hace perfecto...

viernes, 1 de mayo de 2015



Hola todos, les cuento que esta vez mi marido Cristián Clerc quiso escribir este post, luego de haber visto el comercial de Ripley... Aquí les dejo sus palabras...

Desde hace 10 años la palabra maquillaje dejó de ser un simple vocablo y empezó a convertirse en parte de mi vida.
Al principio siempre lo consideré como algo superficial, intangible o hasta innecesario, incluso no me faltaba alguna talla que a la Bea no le hiciera mucha gracia.

Por otra parte, hubo incluso varias ocasiones en que “el maquillaje” cobraba vida y demandaba todo tipo de sacrificios por “su majestad la belleza”.

Con el paso de los años, pude entender que para la Bea el maquillaje era mas que sólo un sueño al cual dedicarse, sino también un compañero confidente de sus inseguridades y miedos. Una herramienta que si bien en un principio pudo ser la forma de esconder algún defecto, se transformó en una herramienta para resaltar sus virtudes. Creo que fue en ese momento cuando consideré que todo sacrificio e inclusive dejar la arquitectura de lado, tenía su justificación.

Es innegable el cambio que he visto en algunas personas que han pasado por el estudio, una vez maquilladas, se transforman o liberan, si bien yo creo que la actitud no viene con el maquillaje y nace de la persona, respeto lo que una sombra o algo de color puede hacer.

Sin duda durante estos años juntos, he podido corroborar como a través del maquillaje la Bea busca transmitir, con un enfoque que profesa resaltar virtudes inclusive sin ocultar imperfecciones o fragilidad, lo importante de sentirse bien con uno mismo, y como los defectos a veces terminan siendo la virtud que nos hace ser más fuertes, trascendiendo si el delineado es mas grueso o mas delgado, porque todos somos únicos, especiales, distintos, y aunque muchas veces necesitemos ser parte de algo, de una moda y por sobre todo, necesitemos sentirnos “normales”, todos tenemos ese defecto que nos hace perfectos.


Hoy al ver la campaña de Ripley, no sólo me llevó a pensar lo difícil que debe haber sido para la Bea contar su historia, sin quererlo, también me hizo reflexionar sobre como ahora todo, se rompa o no, es desechable, incluso las relaciones o vínculos lastimados, y cómo a veces a través de algo tan superfluo como alguna vez consideré al maquillaje, la resiliencia – o capacidad de recuperarse – puede aflorar y lograr que ese defecto que en ocasiones nos segrega e incluso nos avergüenza, nos haga únicos e incluso una vez que lo aceptemos y nos reconozcamos como somos, nos permita aunque seamos parte de un todo, brillar con luz propia.

By 
Cristián Clerc






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